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Secretitos al oído son de viejas

Hoy en día existen aplicaciones para todo. Y cuando digo todo, me refiero a absolutamente casi cualquier cosa que se te pueda pasar por la cabeza. Desde las que sirven para ayudarte a elegir dónde cenar, hasta las que te ayudan a cortar con tu novio/a (que ahora que se acaba el verano toca cambiar de pareja como de chaqueta), pasando por un grupo de aplicaciones en las que podrás contar secretitos.

Una de estas aplicaciones es Secret. Seguro que no es la primera vez que oyes el nombre de esta aplicación, ya que se ha hablado bastante sobre ella, o sobre alguna de sus “competidoras”, como Whisper o Ask.fm.

El caso es que en este tipo de aplicaciones tú puedes decir lo que quieras, lo que te dé la gana ya que en ningún momento aparecerá tu nombre, o tu e-mai, o tu localización… ¿O sí podría aparecer?

Como he dicho, estas aplicaciones están más que nada para desfogarse. ¿Que no había café en la máquina de la oficina y eso ha arruinado tu día? Pues cuéntalo en Secret. ¿Qué estás cabreado con el mundo porque ese señor que está a tu lado en el metro te ha pisado 20 veces? Pues dilo en Secret. Y así con cada cosa que no serías capaz de contar a la cara de otras personas (y que claro, sirve para desahogarse).

Todo esto es muy bonito; discreción ante todo en un “lugar” en el que contar lo que se te pase por la cabeza está permitido (hasta cierto punto, como explico luego). Pero, ¿de verdad lo es? ¿Qué pasa si tu anonimato deja de ser tal, y apareces en esta aplicación con nombres y apellidos? Ya no mola tanto. Y esto es lo que ha demostrado un par de hackers recientemente, que descubrieron un fallo en el código fuente de la aplicación que permite identificar a los usuarios y dejar el anonimato a un lado.

Hay que dejar claro que estos hackers eran de los buenos, no de los del lado oscuro. Y es que su objetivo era el de ver en qué punto de la aplicación estaban los fallos; y los encontraron. Nada más y nada menos que 42 agujeros por los que las no buenas intenciones de muchos podrían colarse, con el objetivo de saber quién es esa persona que publica el secret y utilizarlo para seguro que nada bueno.

Estos hackers, de nombre Benjamin Caudill y Bryan Seely, llevaron a cabo un procedimiento muy sencillo para comprobar la seguridad de esta aplicación, basado en estos pasos

  • Creación de cuentas falsas en Secret.
  • Borraron todos los contactos de un teléfono móvil.
  • Una vez vacía la lista de contactos, se agregaron siete cuentas falsas de correo, con el objetivo de calificarlos como nuevos.
  • Después, para comparar con los contactos falsos anteriores, se agregó un contacto real, con nombre y apellidos, que sería aquel que compartiría los secretos, supuestamente de manera anónima en Secret.
  • Por último, se creó una nueva cuenta en Secret y se sincronizaron todos los contactos guardados anteriormente.

De esta sencilla forma, los hackers pudieron identificar quién era esa persona. Y si pudieron con esta, ¿Por qué no con otras?

Como he dicho, estos hackers son de los buenos y usaron esta información para notificar al equipo de Secret de este fallo, con el objetivo de que lo solucionasen y lo corrigieran.

Desde Secret han asegurado que este “problemilla” de seguridad se ha solucionado, y no tenemos por qué desconfiar de ellos; aunque eso sí, la duda queda ahí. Y es que si ha habido un fallo de seguridad, quién te dice a ti que no habrá otro, precisamente en este tipo de aplicaciones en las que se busca el anonimato.

El tema de la seguridad es muy importante en este tipo de aplicaciones, porque de saberse quién eres, ¿dónde está la gracia? Todos sabemos al final para que se usan estas aplicaciones: quejarse y criticar, más que para cualquier otra cosa, no os engañéis.

Pero, ¿y cuándo el criticar u opinar pasa a ofender e insultar? Es algo a tener en cuenta; el saber dónde está esa línea que separa la libertad de expresión del insulto. Por ejemplo, en Brasil, la aplicación de Secret ha sido prohibida porque en los colegios, los alumnos no hacían un “buen” uso de esta aplicación, pudiendo favorecer el maltrato escolar.

Una cosa sí está clara, y es que las cosas están cambiando, ya no solo en los medios sino también en las formas. No solo son las aplicaciones que se crean como tales sino el uso que se hace de ellas.

Por esto, ¿qué pasaría si dijéramos las cosas a la cara en vez de a través de una pantalla? ¿y con nuestro nombre real? Puede que vivamos en una sociedad hipócrita, o más bien que vivamos más de las apariencias que de otras cosas.

Y para terminar, lanzo una pregunta al aire, ¿hasta dónde llega lo secreto o privado? Quién sabe, puede que cada uno establezca sus límites, o la propia sociedad los fije. Pero al fin y al cabo, si algo es secreto, ¿para que lo contamos en las aplicaciones?

Aun así, todos sabemos, hasta los niños, que los secretitos son de viejas.

Irene Martínez

Marketing Online, Social Media y contenidos. Chocolate-adicta, proyecto de runner y ex-londinense . Para todo lo demás, elblogdechocairin.com